viernes, 1 de noviembre de 2013

GIORDANO BRUNO


GIORDANO BRUNO




                                                          Nació en Nola, Nápoles, 1548.
                                Era un italiano religioso, que acabó siendo sacerdote en 1572.
                            Se dedicaba a la filosofía, a la astronomía y también a la poesía.



                                              
                              

                  Fue un hombre muy inteligente, que se adhirió a la Teoría Heliocéntrica de            Nicholas Copérnico, y además pensaba en la posibilidad de la existencia de otros               mundos como la Tierra.



                                  
  
                                    Era imprudente en sus declaraciones, chocó con la Iglesia de Roma y huyó a Ginebra, donde también tuvo problemas.
En 1593 fue trasladado a Roma, donde permaneció en las cárceles de Santo Oficio durante siete años que duró su proceso.



                                                     
                                                        El 17 de febrero de 1600, con 51 años, lo quemaron en una hoguera en un rincón del Campo dei Fiore en Roma.

Trescientos años después, en 1899, construyeron un monumento en el mismo lugar, para recordar el martirio de Giordano Bruno, que entregó su vida por no renunciar a su verdad. Hoy, las últimas investigaciones astronómicas  confirman, la existencia de más de 25 planetas girando  en torno a otros tantos soles como el nuestro.                  


 Parte de sus últimas declaraciones:

"Decid, ¿cual es mi crimen? ¿lo sospecháis siquiera?
Y me acusáis, ¡sabiendo que nunca delinquí!
Quemadme, que mañana, donde encendáis la hoguera,
levantará la historia una estatua para mí.
Yo sé que me condena vuestra demencia suma.
¿Por qué?… Porque las luces busqué de la verdad.
Prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte;
morir como yo muero… no es una muerte ¡no!
Morir así es la vida; 
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,
al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí,
al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento,
al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin.
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,
con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar;
que niegue Pedro al Maestro Jesús, que a mí ante el martirio,
de la verdad que sepa, no me haréis apostatar.
¡Ah!… Tembláis… Es porque os falta la fe que a mí me sobra…
Miradme… Yo no tiemblo… ¡Y soy quien va a morir!."